Violencia de género

La violencia contra las mujeres invade las noticias y medios de comunicación. Desde los albores de la humanidad, el trato abusivo hacia ellas ha sido moneda corriente en la historia de la hegemonía patriarcal. En estas reflexiones recortamos expresamente este tipo de violencia humana ejercida por los varones sobre las mujeres.

En el siglo XXI, el horror de género persiste pese a los movimientos de liberación y las conquistas sociales de las mujeres. El impacto y el escándalo no cesan: mujeres quemadas, mujeres violadas y asesinadas, mujeres golpeadas. Las víctimas pertenecen a todas las clases sociales pero predominan en las clases más desprotegidas donde impera la pobreza, la prostitución forzada, la ignorancia, el temor a la desprotección del varón y una sumisión de auto-conservación.

La fragilidad psíquica tiene sus raíces en la educación y en las expectativas culturales depositadas en el género mujer. Estos factores propician la dependencia y las dificultades en la individuación.

A pesar de los movimientos de liberación y autonomía, son muchas las mujeres que hoy día expresan enorme sufrimiento psíquico si no logran tener una pareja e hijos. La exacerbación de los sentimientos de donación de sí y abnegación (muchas veces como reparación de experiencias traumáticas infantiles) vulneran a la joven mujer.

Otra consecuencia psíquica derivada de la fragilidad es el infantilismo cultural: las mujeres se posicionan como seres débiles, de llanto fácil, propensos a accesos de histeria. La posesividad del otro y el temor a la pérdida suelen ser resabios de la viscosidad vincular desmedida con los objetos primarios y muestran el déficit en la construcción del espacio sólo y en el adueñamiento de sí (Alizade, 1998). Estos elementos mentales producen un déficit en la aprehensión del principio de realidad. En ocasiones se entregan por demás, descuidan su auto-conservación y se convierten en “mujeres malqueridas”, (Michelena, 2011), sometidas a malos tratos por parte de las parejas elegidas.
La anatomía y la cultura hacen destino

La violencia contra la mujer incluye la violencia física, sexual, psicológica, obstétrica y patrimonial. Incluye también el abuso sexual de niñas, la violencia relacionada con la dote, la violación marital, la mutilación genital femenina y otras prácticas tradicionales dañinas para la mujer, la violencia no conyugal y la violencia relacionada con la explotación, el acoso sexual y la intimidación en el trabajo, el tráfico de mujeres, la prostitución forzada y la violencia perpetrada o tolerada por el Estado. Todas estas formas de violencia se asocian a desigualdades de poder: entre mujeres y hombres (de género), entre las niñas y sus cuidadores, entre el sistema de salud y las usuarias y entre las diferentes generaciones. La violencia contra las mujeres está presente en todos los sectores socioeconómicos y niveles educativos y afecta todas las esferas de sus vidas: autonomía, productividad, capacidad para cuidar de sí mismas, de sus hijos y su calidad de vida. Tiene un gran costo individual para quienes la padecen, para su entorno y para la sociedad en su conjunto.

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